Definición de aneurisma

  • Ensanchamiento patológico de un vaso sanguíneo, especialmente una arteria.
  • Aumento anormal del volumen del corazón.

El término aneurisma tiene su origen en un vocablo griego que hace referencia a una dilatación fuera de lo normal que tiene lugar en un vaso sanguíneo a raíz de una degeneración o el debilitamiento de la estructura vascular. Más comúnmente los aneurismas son los de carácter arterial que se desencadenan en la base del cerebro o en la aorta.

A pesar de los avances científicos y médicos existentes y de los estudios realizados no se ha conseguido aún determinar las causas exactas que llevan a una persona a sufrir un aneurisma. No obstante, entre dos de los motivos comunes están la propia estructura genética pues muchos de ellos son de tipo congénito, se descubren ya al nacer, o diversos defectos en lo que son las paredes arteriales.

Y eso sin olvidar que hay una serie de factores que lo que hacen es aumentar de manera considerable las posibilidades de que un hombre o una mujer sufra dicha patología. En concreto, tenemos que hacer referencia a lo que es el consumo del tabaco, el tener unos niveles de colesterol elevados o también el padecer de hipertensión.

Hay que tener en cuenta que, de todas formas, los aneurismas pueden presentarse en cualquier lugar del cuerpo donde halla una arteria. Por lo general, los aneurismas no generan síntomas, excepto que se rompan y ocasionen una hemorragia. Las tomografías computarizadas y las resonancias magnéticas ayudan a detectarlos.

De igual forma, hay que subrayar que existen otra serie de pruebas que, en solitario o como complemento a las anteriormente citadas, se utilizan por parte de los profesionales médicos para proceder al diagnóstico y posterior tratamiento del aneurisma. En concreto, entre aquellas estarían la punción raquídea, también conocida como examen del LCR, o la angiografía cerebral.

En el caso que produzcan síntomas a partir de la compresión de ciertas zonas corporales, es posible que el afectado sufra dolores de cabeza o cuello, pierda la visión de manera parcial o total, padezca letargo, tenga sensación de cansancio, vea disminuida su sensibilidad y la movilidad y experimente problemas en el habla.

No obstante, también se pueden producir otra serie de síntomas tales como náuseas o vómitos, una crisis epiléptica, irritabilidad, confusión, párpado caído, dolor en los ojos y también en lo que son las cutículas de las uñas.

Un aneurisma cerebral también puede detectarse a partir de un examen de la vista, ya que el incremento de la presión intracraneal genera inflamación en el nervio óptico y puede producir sangrado en la retina.

Para tratar una aneurisma cerebral, es posible que el médico decida apelar a la microcirugía (para contenerlo y evitar que vuelva romperse) o a la terapia endovascular.

Entre los distintos tipos de aneurismas, pueden mencionarse a los denominados aneurismas verdaderos (los cuales involucran a todas las unidades que componen las paredes de las arterias y frente a los cuales el caudal sanguíneo se mantiene en el interior de la estructura circulatoria), los aneurismas falsos (caracterizados por ser hematomas extravasculares, con rotura de la pared vascular), los aneurismas disecantes (la sangre ingresa en la pared de la arteria y diseca sus capas), los aneurismas traumáticos (se producen como consecuencia de una lesión física en la pared vascular) y los aneurismas micóticos (generados por el crecimiento de microorganismos en la pared del vaso).

Por último, habría que subrayar que en algunas ocasiones ante el tratamiento de un aneurisma se produce la aparición de complicaciones tales como una infección, sangrados profusos o una compresión de los nervios.

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