Definición de imantación

  • Acción o efecto de imantar.

Procedente del vocablo francés aimantation, el término imantación se emplea para describir al acto y resultado de imantar. Este verbo, por su parte, sirve para resaltar la particularidad magnética de un cuerpo. Por eso imantación y magnetización son conceptos que se aceptan como sinónimos.

La magnetización suele producirse al aplicarse un campo magnético sobre un elemento. Por campo magnético se entiende al área o sector de la superficie en donde una carga eléctrica, al moverse a una cierta velocidad, soporta las consecuencias de una fuerza que se puede considerar tanto proporcional como perpendicular a la velocidad y al campo magnético.

En algunos materiales, la magnetización ya se logra aún en ausencia de un campo magnético externo. Ese es el caso de los materiales ferromagnéticos, como el hierro, el níquel, el cobalto, la magnetita, el gadolinio y el disprosio. La magnetización puede ser positiva (refuerza el campo magnético en el interior del cuerpo) o negativa (el campo se debilita en el interior del material).

A la hora de proceder a calcular la imantación hay que recurrir a tres componentes fundamentales para ello pues serán los que nos den los resultados que esperamos. En concreto, tendremos que hacer uso de los momentos dipolares magnéticos que hacen referencia a las cargas ligadas, al promedio de lo que es el campo magnético de tipo microscópico y finalmente a la conocida como excitación magnética.

En concreto, este último aspecto citado, que científicamente se representa a través de una H, a lo que hace referencia es al conjunto de polos magnéticos y también de corrientes libres.

Se denomina magnetismo al fenómeno de carácter físico que genera que ciertos elementos ejerzan atracciones o repulsiones sobre otros productos o superficies. Cuando los materiales poseen propiedades magnéticas fáciles de detectar, tal como sucede en el caso de los ya mencionados hierro, níquel y cobalto, se los conoce como imanes. Es importante tener en cuenta, de todas maneras, que todos los materiales reciben cierto grado de influencia ante la presencia de un campo magnético, aunque dicha influencia tiene más o menos incidencia según el caso.

Se puede distinguir, en definitiva, entre los imanes permanentes (que mantienen su magnetismo pese a la ausencia de un campo magnético exterior) y los imanes temporales (que sólo disponen de imantación cuando están situados en un campo magnético).

Es importante subrayar, además de todo lo expuesto hasta este momento, que existen tres métodos fundamentales para conseguir esa citada imantación:

Inducción. Este sistema consiste en colocar barras pequeñas de acero o hierro en el lugar próximo a donde se encuentra un imán de gran potencia.

Frotamiento. Como imantación por contacto directo se conoce también a este proceso donde lo que se realiza es frotar los extremos del elemento de hierro o metal que queramos con los polos del correspondiente imán.

Mediante corriente eléctrica. Crear una bobina, un clave enrollado sobre un trozo de hierro, es la base de este método pues él lo que hará será convertirse en un perfecto electroimán.

No obstante, aunque estos tres son los sistemas más frecuentes, existen otros muchos para lograr esa imantación. Así, otro igualmente relevante es conseguirla mediante el giro continuo del cuerpo en cuestión con el que se esté trabajando.