Significado de tendencia

  • f. Propensión, inclinación:
    tiene tendencia a la melancolía.
  • Movimiento religioso, económico, político, artístico o semejante, que se orienta en determinada dirección:
    siempre está al tanto de las últimas tendencias literarias.

Definición de tendencia

  • Inclinación o disposición a suceder algo, o comportarse un agente de una manera determinada
  • Orientación o facción determinada dentro de un grupo mayor

La tendencia es una corriente o preferencia hacia determinados fines. Por ejemplo: “Lionel Messi es un gran jugador, aunque tiene tendencia a encarar por el lado izquierdo, lo que ayuda a predecir sus movimientos”, “La tendencia alcista de los precios preocupa a los economistas”, “A dos horas del cierre de los comicios, no hay una tendencia clara que permita vislumbrar un ganador”.

El término también permite nombrar a la fuerza que hace que un objeto se ladee hacia algún otro cuerpo y el pensamiento orientado a cierto rumbo: “El gobernador mostró su tendencia conservadora al prohibir el matrimonio homosexual”, “Se trata de una medida de tendencia fascista, que socava los derechos de las minorías”.

Tendencia también se utiliza como sinónimo de moda, en el sentido de tratarse de una especie de mecanismo social que regula las selecciones de las personas. Una tendencia es un estilo o una costumbre que deja una huella en un periodo temporal o en un sitio.

En la década del ’60, por ejemplo, la tendencia marcaba el uso de ropa muy colorida, con grandes estampados y pantalones Oxford (también conocidos como pata de elefante).

En la actualidad, en cuanto a vestimenta, no existe una gran tendencia dominante. En el mundo occidental se impone, desde hace varias décadas, el uso de vaqueros o jeans como prenda informal por excelencia. Las ocasiones formales, en cambio, requieren el uso de traje y corbata en el caso de los hombres y de vestidos largos en el caso de las mujeres. Las tendencias, de todas formas, varían con el paso de los años.

Toda tendencia suele dejar fuera a un grupo de gente. En principio, este fenómeno es absolutamente natural y lógico, ya que resulta imposible que todos los seres humanos del planeta compartan un gusto o necesidad, más aún, en el mismo momento de la historia. Las razones trascienden una cuestión de preferencias, ya que en muchos casos es necesario contar con un cierto poder adquisitivo para subirse al tren de la moda.

Probablemente, las tendencias actuales más fuertes giran entorno a los teléfonos móviles y las redes sociales. Curiosamente, si las analizamos detenidamente, descubrimos que se trata de dos claras muestras de la contradicción humana. En primer lugar, los smartphones son el símbolo de hacer mucho pero no necesariamente bien; desde su nacimiento, han sumado funciones a más no poder, entre las que encontramos ver películas, navegar en Internet y jugar.

Las primeras dos no necesitan ser abordadas por una mente brillante para entender que se trata de actividades que resultan mucho más placenteras en una pantalla grande, independientemente de la resolución. La última no es tan evidente para los usuarios casuales, pero una persona apasionada de los videojuegos sabe que no encontrará en este formato uno de los grandes títulos, sino entretenimiento para pasar el tiempo y un gran número de copias descaradas de juegos clásicos.

Pasando al tema de las redes sociales, se trata de un medio a través del cual es posible compartir ideas, fotos y videos, chatear, seguir de cerca a artistas famosos o incluso apoyar causas como el veganismo. Definidas de esta forma, no parecen tener un lado negativo, y bien podría tratarse de una de las creaciones más inteligentes y útiles del ser humano. Sin embargo, en la práctica, constituyen una excusa más para justificar la falta de compromiso con la propia vida, la ostentación de quien disfruta mostrando su nuevo coche o su televisor de última tecnología, y hace un uso peligrosamente impreciso de la palabra “amigo”.

Las tendencias suelen mostrarse al mundo agresivamente, con un mensaje que tilda de anticuados o aburridos a quienes no desean seguirlas. Tomando los ejemplos recién expuestos, se podría decir en resumen que “si una persona no quiere ver películas y navegar la Red en pantallas de 4 pulgadas, intentar divertirse con juegos de poca calidad y carentes de originalidad y pasarse horas exponiéndose frente a personas que no estarán presentes cuando se las necesite realmente, entonces no sabe divertirse“.

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